Es irónico cómo nunca se puede estar en paz, incluso con los mayores problemas solucionados siempre está ese corte de papel. Imperceptible y doloroso.
Mi vida ha ido en ascenso y creo que es consecuencia de los cambios que he aceptado (por fin). Supongo que el crecimiento es doloroso, en especial cuando hay tanto que ocultar y tanta vergüenza.
No me gusta ser de esos sentimentaloides.
En estos momentos, tengo varios cortes, uno alimentado por el miedo y la flojera, otro por un terrible empacho (que por el bien de mi ánimo sea totalmente justificado), otro por el descontento que me provoca ser tan irasciblemente desarraigado y falto de empatía, y otro por el miedo a la plaga, una que ni en estos textos soy capaz de describir o identificar.
El miedo y la flojera me provocan una dualidad curiosa entre saber que puedo y no puedo, saber que soy una llama que puede brillar fuerte y apagarse con el más mínimo soplo. Quizás me estoy considerando una fotografía, un flash, un estrella fugaz en vías de extinción. He pasado por muchos finales, pero tengo miedo del definitivo, y peor aún, no saber identificarlo.
El corte del desarraigado es menos grave cada día, pero es terrible como se manifiesta. Todo el mundo siempre me ha considerado una piedra. Un pedazo de hielo en las situaciones más inverosímiles, y lo peor de todo, es que tienen razón en casi todos los tiempos. Me disculpo, de verdad, por no saber sentir y actuar.
No ahondaré en plaga, no puedo.
Puedo hablar de empachos, ya lo he hecho mil veces. La bitácora Altoparlante nació en un empacho, creció enormemente en otro, desapareció con el último de los no correspondidos y ahora resurge con un sueño afín.
Mi sueño fue breve, te besé y me abrazaste y se sintió como si lo hubieras hecho mil veces en vida.
Realmente espero esos tragos, extraño. Mira que el mundo se detuvo, y junto con mi respiración todo se quebró, dejándote a ti y a mí solos, colgando del hilo de nuestras vistas.
Déjame así de nuevo, bajo la noche, bajo el día y bajo las sábanas. Porque por ti, podría quebrarme de nuevo y quizás lo valga.