sábado, 15 de diciembre de 2012

Ciencia y humanidad III


Primero que todo es absolutamente necesario explicar lo que estudia mi disciplina (triste y 
comúnmente desconocida por muchos). 
La bioquímica es el estudio de todo tipo de materia viva, sea vegetal, hongo, bacteria o 
animal desde el punto de vista químico, logrando así comprender en su totalidad procesos 
vitales para ésta como lo son la respiración, la nutrición, la reproducción, el crecimiento y 
desarrollo, entre otras cosas. Así mismo, la bioquímica estudia la relación que tienen estos 
seres vivos con su entorno y sus agentes como los virus, las toxinas, los fármacos y 
drogas, etc. 
Estos estudios se pueden especializar en tres áreas principales que son la docencia, la 
industria y la investigación. La Bioquímica clínica también es un área existente, pero muy 
poco seguida debido a la competitividad con los Tecnólogos Médicos y para efectos de 
este ensayo, no tiene mucha relación con lo que estamos hablando. 
Focalizándonos en cada una podemos tener un alcance de lo que podría significar la 
profesión en sí para la gente. 
Empezamos con la docencia que, de por sí, tiene una labor social de gran importancia 
pues es el moldeo de las mentes lo que permite la destrucción del modelo fundado por la 
cultura que tenemos en nuestra mente y siguiendo esa línea, mucho se puede hacer 
respecto a la relación que hay entre la ciencia y la sociedad. Inculcándoles a los oyentes 
los principios del humanismo y las consecuencias que puede acarrear el avance 
descuidado de los estudios científicos para con la dignidad humana. 
En este campo de la carrera es importante hacer hincapié en lo fundamental que es 
utilizar el método científico, no como una herramienta de conocimiento sin límites, sino 
como una forma de aportar un grano de arena al bienestar de la especie misma. 
Como proyección de este campo, que los estudiantes de hoy en día sean parte de 
cátedras no solamente técnicas y académicas, sino con cierta filosofía y reflexión de lo que 
realmente buscamos con aprender “Bioquímica”, da la posibilidad de que estas nuevas 
mentes salgan reestructuradas con una visión más humana de lo que es hacer ciencia. 

Mi opinión sobre la docencia, a decir verdad, es bastante simple: Se deben crear 
profesionales no sólo con la capacidad de traspasar un conocimiento técnico-teórico, pues 
éstos deben estar capacitados, también, para comunicarles a los alumnos que las ciencias 
matrices no son lo más importante. El conocimiento se debe reflexionar de una manera 
dual entre el análisis crítico de la materia en sí y el análisis crítico de lo que puede 
ocasionar en la sociedad. 

Siguiendo con los campos de empleo, está la industria, cuyo nombre describe claramente 
para quiénes estaríamos trabajando. 
Muchos bioquímicos (por lo menos de los que conozco) sienten un profundo recelo de 
trabajar en industrias por miedo al sometimiento frente a un mandamás al que se verían 
expuestos. 
Esa teoría que dice que los científicos trabajando para empresarios es trabajar en un 
horario extenso, condiciones abusivas, en un ambiente corrupto y sobre todo, estar 
ayudando a un comité de gerentes a hacerse millonarios, es a lo menos, falaz. 
Trabajar en industria no significa trabajar para hacer un proceso biológico más eficiente 
en desmedro de lo que puede ocasionar en un ecosistema o en la vida misma de las 
personas. Implica esforzarse por encontrar nuevos métodos que puedan ser eco-
amigables, eficientes y de mejor calidad en todo sentido, no sólo para ayudar a una 
empresa a recortar gastos y producir más. El objetivo principal es darle un beneficio-
producto a las personas sin dañar la integridad del planeta en el que viven muchos 
organismos incluyendo a los seres humanos. 
Por lo tanto, pienso que los científicos que trabajan en esta área tienen un deber muy 
importante en la preservación de los derechos humanos como el de vivir en un ambiente 
sano y limpio, con un ecosistema rico en otras especies que también viven en buenas 
condiciones. Su tarea para con las personas es en mi opinión, noble. 

Finalmente la especialización que corresponde al área de investigación es una de las más 
importantes y que impactan directamente con lo que significa la carrera en sí para los 
derechos humanos. 
La investigación como tal, implica adquirir nuevos conocimientos en un sujeto 
determinado, consiguiendo nuevas técnicas que nos dan la capacidad de comprender 
mejor cómo funcionan los seres vivos. 

Esta área va muy de la mano con la bioética pues, actualmente la investigación de, a 
modo de ejemplo, con células madre totipotenciales, está vetada en Chile y en gran parte 
del mundo pues requiere que, en nombre de la ciencia, se utilicen embriones humanos 
con una capacidad normal de desarrollarse plenamente. 
Ejemplos como ese indican que la investigación tiene límites marcados pues hay derechos 
humanos que pueden ser vulnerados si se llevan a cabo experimentos inescrupulosos. Y 
por ello, quienes practican esta área deben tener sumo cuidado con las barreras con que 
juegan y los derechos que puedan estar traspasando. 

Pero ésta no es la única relación que tienen con los derechos humanos. 
Como habíamos dicho antes, la investigación implica adquirir nuevos conocimientos y, 
partiendo desde ahí, podemos entender que los conocimientos que se obtengan a partir 
de la investigación pueden significar un avance en el desarrollo de las personas y la 
resolución de cuestiones que, sin este conocimiento, no habrían podido resolverse. 
Por ahora, hay temas que se discuten muy a menudo, pero jamás se ha podido tener la 
certeza de que un punto es más o totalmente correcto. Siendo uno de estos casos el tema 
de la concepción, el comienzo de la vida y cuándo es ético o no terminar con ésta. 
Muchas investigaciones que se lleven a cabo en este problema podrían dar luz de lo que 
es realmente la vida y la concepción de ésta (obviamente, el avance de la investigación va 
a pasos de bebé, pero la paciencia es una virtud importante en el camino de la ciencia) y 
podrían llegar a zanjar una discusión que lleva años siendo peleada en los parlamentos. 

Teniendo esto presente, podemos percatarnos de la vital importancia que tiene la 
investigación hecha por los bioquímicos y su influencia en asuntos actualmente polémicos. 
Estos asuntos tienen una conexión directa con la valoración de los derechos humanos y la 
defensa de éstos. 
Como conclusión, llegamos a dos puntos ligeramente convergentes: 
-La ciencia parte de un concepto humanista que consiste en su ejecución para ayudar a la 
humanidad y siendo ésta integrada con las ciencias blandas se puede garantizar que el 
método será utilizado para bien. 
-La bioquímica como ciencia fundamental en el conocimiento de la vida juega un rol 
importantísimo dentro de la defensa de los derechos humanos y la perpetuidad de su 
valor. 


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ciencia y humanidad II


Ahora, el problema que se presenta en este dilema, es la actual visión que se tiene sobre 
las llamadas ciencias duras y las – ciencias blandas – que estudiamos. 
Es esta separación en las mallas curriculares la que acarrea problemas del tipo éticos, 
pues separa conceptos que definitivamente deben ser integrados y trabajar de forma dual. 
La distancia entre ciencias blandas y duras implican una dicotomía entre la forma de hacer 
y la forma de pensar. 
En este sentido, las personas (por lo menos en Chile), tienden a pensar que conocimientos 
de historia, biología, física, filosofía, sociología y química no están en absoluto 
relacionados, provocando que éstas se especialicen sólo en un área en completo 
desmedro de las demás. Dando lugar a grandes debates sobre problemáticas que, si se 
tuviera un conocimiento integral de la situación, serían fácilmente zanjados. 
Por tanto, la falta de ésta mezcla entre saber de “humanidades y ciencia” (términos que a 
mi parecer deberían estar juntos, pues hacer “ciencia” es hacer “humanidad” y viceversa) 
induce en la sociedad una serie de problemas de carácter grave. 

Como solución a tal encrucijada, me gustaría pensar que es posible un cambio muy 
profundo en la sociedad. Un cambio absoluto de uno de los mayores paradigmas que 
aquejan a los chilenos. 
La separación entre ciencias y humanidades es, a mi parecer, un problema que se puede 
arreglar cambiando la visión de lo que es el conocimiento y cómo este se debe apreciar. 
De ésta manera, la forma de comprender la vida misma cambiaría para todos, pues todos 
los procesos, sociales y del universo, se explican usando ambos campos del conocimiento. 

A mi forma de verlo, utilizar el humanismo como herramienta máxima de la comprensión, 
es la mejor forma de llegar a tiempos de paz y armonía, sin dolor de por medio. Siendo 
ese uno de mis mayores objetivos como parte activa de la sociedad joven, pues gran parte 
de los debates contingentes que aquejan a la sociedad son problemas que actualmente se 
intentan solucionar sólo desde un ángulo filosófico, epistemológico o metafísico (como lo 
son el tema de la pastilla del día después, la explotación de recursos naturales, el 
matrimonio homosexual, la eutanasia, la construcción de centrales eléctricas, y en general 
el problema energético, entre otros), teniendo éstos también un punto de vista científico 
que a menudo no es revisado, ya que quienes discuten estos temas y toman las 
decisiones son usualmente “humanistas desligados de las ciencias duras”. 

Todo este tiempo, hemos entendido este tema desde una mirada muy general, hablando 
simplemente de ciencia y no, más específicamente, de la bioquímica (mi disciplina) en 
relación a lo que podría significar para la gente y los derechos que deben ser garantizados 
y respetados. Por tanto tenemos que adentrarnos más en el tema que afecta la bioquímica 
como campo de conocimiento a la sociedad y me parece prudente reflexionar mis 
pretensiones con respecto a cómo puedo resguardar la integridad de los derechos 
humanos utilizando mis habilidades y aprendizajes, y así también, no sólo hacer un bien, 
sino que cambiar un paradigma. 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Ciencia y humanidad I

VIL COPY PASTE DE OTRO ENSAYO QUE HICE, I REGRET NOTHING.


El porqué hablar de esto es una de las preguntas que más destaco en este contexto y es
que hay una interrogante en la población actual (chilena, por lo menos) sobre qué relación
podría tener la disciplina que sigo con el tema de los derechos humanos.
Tema que, en realidad, tiene un transfondo muy grande.
La ciencia, en sí, juega un papel muy importante, y al mismo tiempo casi completamente
ignorado, en el curso de la sociedad.
Desde siempre la ciencia ha sido el precursor y el camino de lo que llamamos desarrollo.
La humanidad jamás habría alcanzado estos niveles de salud, prosperidad, comodidades,
esperanza de vida, entre muchas otras cosas, si no hubiera existido un trabajo metódico
para conocer los fenómenos del universo, los cambios y la vida misma.
Su historia en sí, es capaz de develarnos cómo debiera ser vista, y además, nos ayuda a
enfocarnos en comprender cómo la bioquímica tiene un gran deber para con la gente. Y
por lo tanto debemos tener una pequeña reseña de lo que ocurrió.
Comenzando en la antigüedad, el conocimiento científico se expandió en la cultura griega
con matemáticos y físicos como Arquímides, continuó su recorrido y quedó registrado en
los escritos que con tanto recelo mantenían los árabes.
Luego de la caída del imperio romano, la Europa medieval se vio envuelta en un periodo
que a mediados del siglo XVI se denominó “La edad oscura” Caracterizada por un
estancamiento del avance científico y una vuelta a la vida austera y predominantemente
teocéntrica. Este periodo es una de las bases de lo que significa la ciencia para la
sociedad, pues a falta de ésta, los europeos se vieron sumergidos en tiempos de barbarie,
guerra y un sometimiento total a los paradigmas eclesiásticos.
Aproximadamente, a partir del siglo XVI, la Edad Media acaba con la caída de
Constantinopla y los europeos tienen nuevamente contacto con la – ya olvidada – cultura
griega, rica en conocimiento científico.
Los filósofos de ese tiempo, tomaron esto y avanzaron exponencialmente en un proceso
llamado renacimiento, en el cual, uno de los movimientos más notables fue el humanismo.
Este movimiento, marcó una ruptura clave entre la humanidad y la religión, estando
fuertemente ligada con las reformas de aquellos años, dando paso a una hegemonía del
pensamiento humano, o sea, dando a la razón y la lógica del ser humano un carácter de
supremo.
Este proceso es el determinante de todo el tema, pues siendo la lógica y el conocimiento
científico lo más importante, las personas retomaron la tradición clásica de considerar al
hombre en sí como lo más sagrado. Un carnaval donde la ciencia y las humanidades (de
ahí su categoría de “humanidades”) estuvieron en pos de la especie, para lograr un futuro
mejor. Un mejor conocimiento del universo y de nosotros mismos.
Lamentablemente, los años pasaron, el conocimiento creció, y por esta misma razón se
perdió la esencia de lo que fue el humanismo.
El constante escrutinio de los científicos dio cabida a la existencia de artefactos que no
han hecho más que daño, como la invención de bombas, toxinas, contaminantes y
muchas otras armas que significan sólo un perjuicio para el mundo.
La perdida de esta esencia, es lo que quiero analizar con más profundidad. Y es que el
desarrollo inescrupuloso de la ciencia es un arma de doble filo con la que se deben tener
muchas precauciones, pues está totalmente conectado con el bienestar de la gente.
El caso, a modo de ejemplo, de Alexander Nobel, el inventor de la dinamita, cuyo
descubrimiento dio lugar a su uso como armas de guerra, es una perfecta situación que
muestra el cuidado que se debe tener al avanzar.
A sabiendas de esto, Nobel creó los mundialmente conocidos premios Nobel, encargados
de galardonar a quienes hagan los mayores aportes para la humanidad y la mantención de
la paz. Un noble, pero en cierta manera insuficiente, intento de curar la herida que
provocó su descubrimiento.
Otro caso destacable, y más que un caso una serie de sucesos, es la terrible historia del
Holocausto, donde en nombre de la ciencia, se realizaron macabros experimentos para
perfeccionar la raza aria o simplemente para el deleite de crueles científicos como Josef
Mengele, más conocido como el “Ángel de la muerte”. El uso del método científico para
fabricar armas de fuego más potentes y eficientes, nuevos tipos de bombas, gases tóxicos
para eliminar a la población judía. Este, sin duda alguna, es el ejemplo más claro de lo
extremo que puede llegar a ser el uso de la ciencia en las manos incorrectas.
“Es indispensable que abramos las puertas para un debate nacional en el que definamos
cómo usar a la ciencia y a la tecnología para desarrollar a nuestros compatriotas por lo
tanto, a nuestro país.” Wilman Torres Vallejo.
Dejando en evidencia estas historias y teniendo en claro la existencia de los derechos
humanos y la necesidad de perpetuarlos y defenderlos a cualquier costo, podemos
entender que la ciencia de ninguna manera es independiente de la educación cívica.
La ciencia que hoy conocemos nació como conocimiento en pos de la humanidad, no
como algo que se debe desarrollar solo, sin medir las consecuencias que puede acarrear.
El conocimiento científico siempre debe ir de la mano con la sociedad de una manera
positiva, evitando así desastres como el Holocausto o una, aun posible, guerra nuclear.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Sin explicaciones, sólo un cigarro

No sé en qué momento mi existencia se volvió insuficiencia y mi andar por el mundo se volvió una "falta de".
Creo que en este momento me siento vulnerable en tantas formas posibles, que, llego a pensar que no soy digno de continuar con mi camino.
Estoy hablando de mi colapso en sí. De mi lejana realización como persona y de cómo me doy cuenta de que, en realidad, me acerco cada vez más a lo que menos quiero ser.
Cómo lo puedo evitar? Cómo puedo evitar el dolor del destino que ya tengo escrito en mis genes? Y una pregunta aún más importante... Soy digno de conseguir tales respuestas?
Merezco en realidad llegar a mi perpetuamente buscada resolución si no he demostrado más que mi burda y ordinaria mediocridad?


Cada día que pasa la pregunta se hacer más negativa y mi ánimo se triza un poco más. No sé si en algún momento me salvaré de hacer una letal pregunta, pero sólo quisiera tener un poco más de esperanza y pensar que hay paz en el horizonte.

Siento un miedo terrible de todo lo que viene, y más aún, un miedo terrible a mi reacción cuando ya no me queden hombros en los que apoyarme ni hombros que se apoyen en mí.
El futuro no se siente cálido e iluminado, sólo veo niebla y pocas, muy pocas, siluetas.

Quiero dormir un par de meses y despertar con la cabeza limpia. 
Chao, tengo pena y no queiro seguir escribiendo