miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ciencia y humanidad II


Ahora, el problema que se presenta en este dilema, es la actual visión que se tiene sobre 
las llamadas ciencias duras y las – ciencias blandas – que estudiamos. 
Es esta separación en las mallas curriculares la que acarrea problemas del tipo éticos, 
pues separa conceptos que definitivamente deben ser integrados y trabajar de forma dual. 
La distancia entre ciencias blandas y duras implican una dicotomía entre la forma de hacer 
y la forma de pensar. 
En este sentido, las personas (por lo menos en Chile), tienden a pensar que conocimientos 
de historia, biología, física, filosofía, sociología y química no están en absoluto 
relacionados, provocando que éstas se especialicen sólo en un área en completo 
desmedro de las demás. Dando lugar a grandes debates sobre problemáticas que, si se 
tuviera un conocimiento integral de la situación, serían fácilmente zanjados. 
Por tanto, la falta de ésta mezcla entre saber de “humanidades y ciencia” (términos que a 
mi parecer deberían estar juntos, pues hacer “ciencia” es hacer “humanidad” y viceversa) 
induce en la sociedad una serie de problemas de carácter grave. 

Como solución a tal encrucijada, me gustaría pensar que es posible un cambio muy 
profundo en la sociedad. Un cambio absoluto de uno de los mayores paradigmas que 
aquejan a los chilenos. 
La separación entre ciencias y humanidades es, a mi parecer, un problema que se puede 
arreglar cambiando la visión de lo que es el conocimiento y cómo este se debe apreciar. 
De ésta manera, la forma de comprender la vida misma cambiaría para todos, pues todos 
los procesos, sociales y del universo, se explican usando ambos campos del conocimiento. 

A mi forma de verlo, utilizar el humanismo como herramienta máxima de la comprensión, 
es la mejor forma de llegar a tiempos de paz y armonía, sin dolor de por medio. Siendo 
ese uno de mis mayores objetivos como parte activa de la sociedad joven, pues gran parte 
de los debates contingentes que aquejan a la sociedad son problemas que actualmente se 
intentan solucionar sólo desde un ángulo filosófico, epistemológico o metafísico (como lo 
son el tema de la pastilla del día después, la explotación de recursos naturales, el 
matrimonio homosexual, la eutanasia, la construcción de centrales eléctricas, y en general 
el problema energético, entre otros), teniendo éstos también un punto de vista científico 
que a menudo no es revisado, ya que quienes discuten estos temas y toman las 
decisiones son usualmente “humanistas desligados de las ciencias duras”. 

Todo este tiempo, hemos entendido este tema desde una mirada muy general, hablando 
simplemente de ciencia y no, más específicamente, de la bioquímica (mi disciplina) en 
relación a lo que podría significar para la gente y los derechos que deben ser garantizados 
y respetados. Por tanto tenemos que adentrarnos más en el tema que afecta la bioquímica 
como campo de conocimiento a la sociedad y me parece prudente reflexionar mis 
pretensiones con respecto a cómo puedo resguardar la integridad de los derechos 
humanos utilizando mis habilidades y aprendizajes, y así también, no sólo hacer un bien, 
sino que cambiar un paradigma. 

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