Ahora, el problema que se presenta en este dilema, es la actual visión que se tiene sobre
las llamadas ciencias duras y las – ciencias blandas – que estudiamos.
Es esta separación en las mallas curriculares la que acarrea problemas del tipo éticos,
pues separa conceptos que definitivamente deben ser integrados y trabajar de forma dual.
La distancia entre ciencias blandas y duras implican una dicotomía entre la forma de hacer
y la forma de pensar.
En este sentido, las personas (por lo menos en Chile), tienden a pensar que conocimientos
de historia, biología, física, filosofía, sociología y química no están en absoluto
relacionados, provocando que éstas se especialicen sólo en un área en completo
desmedro de las demás. Dando lugar a grandes debates sobre problemáticas que, si se
tuviera un conocimiento integral de la situación, serían fácilmente zanjados.
Por tanto, la falta de ésta mezcla entre saber de “humanidades y ciencia” (términos que a
mi parecer deberían estar juntos, pues hacer “ciencia” es hacer “humanidad” y viceversa)
induce en la sociedad una serie de problemas de carácter grave.
Como solución a tal encrucijada, me gustaría pensar que es posible un cambio muy
profundo en la sociedad. Un cambio absoluto de uno de los mayores paradigmas que
aquejan a los chilenos.
La separación entre ciencias y humanidades es, a mi parecer, un problema que se puede
arreglar cambiando la visión de lo que es el conocimiento y cómo este se debe apreciar.
De ésta manera, la forma de comprender la vida misma cambiaría para todos, pues todos
los procesos, sociales y del universo, se explican usando ambos campos del conocimiento.
A mi forma de verlo, utilizar el humanismo como herramienta máxima de la comprensión,
es la mejor forma de llegar a tiempos de paz y armonía, sin dolor de por medio. Siendo
ese uno de mis mayores objetivos como parte activa de la sociedad joven, pues gran parte
de los debates contingentes que aquejan a la sociedad son problemas que actualmente se
intentan solucionar sólo desde un ángulo filosófico, epistemológico o metafísico (como lo
son el tema de la pastilla del día después, la explotación de recursos naturales, el
matrimonio homosexual, la eutanasia, la construcción de centrales eléctricas, y en general
el problema energético, entre otros), teniendo éstos también un punto de vista científico
que a menudo no es revisado, ya que quienes discuten estos temas y toman las
decisiones son usualmente “humanistas desligados de las ciencias duras”.
Todo este tiempo, hemos entendido este tema desde una mirada muy general, hablando
simplemente de ciencia y no, más específicamente, de la bioquímica (mi disciplina) en
relación a lo que podría significar para la gente y los derechos que deben ser garantizados
y respetados. Por tanto tenemos que adentrarnos más en el tema que afecta la bioquímica
como campo de conocimiento a la sociedad y me parece prudente reflexionar mis
pretensiones con respecto a cómo puedo resguardar la integridad de los derechos
humanos utilizando mis habilidades y aprendizajes, y así también, no sólo hacer un bien,
sino que cambiar un paradigma.
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