VIL COPY PASTE DE OTRO ENSAYO QUE HICE, I REGRET NOTHING.
El porqué hablar de esto es una de las preguntas que más destaco en este contexto y es
que hay una interrogante en la población actual (chilena, por lo menos) sobre qué relación
podría tener la disciplina que sigo con el tema de los derechos humanos.
Tema que, en realidad, tiene un transfondo muy grande.
La ciencia, en sí, juega un papel muy importante, y al mismo tiempo casi completamente
ignorado, en el curso de la sociedad.
Desde siempre la ciencia ha sido el precursor y el camino de lo que llamamos desarrollo.
La humanidad jamás habría alcanzado estos niveles de salud, prosperidad, comodidades,
esperanza de vida, entre muchas otras cosas, si no hubiera existido un trabajo metódico
para conocer los fenómenos del universo, los cambios y la vida misma.
Su historia en sí, es capaz de develarnos cómo debiera ser vista, y además, nos ayuda a
enfocarnos en comprender cómo la bioquímica tiene un gran deber para con la gente. Y
por lo tanto debemos tener una pequeña reseña de lo que ocurrió.
Comenzando en la antigüedad, el conocimiento científico se expandió en la cultura griega
con matemáticos y físicos como Arquímides, continuó su recorrido y quedó registrado en
los escritos que con tanto recelo mantenían los árabes.
Luego de la caída del imperio romano, la Europa medieval se vio envuelta en un periodo
que a mediados del siglo XVI se denominó “La edad oscura” Caracterizada por un
estancamiento del avance científico y una vuelta a la vida austera y predominantemente
teocéntrica. Este periodo es una de las bases de lo que significa la ciencia para la
sociedad, pues a falta de ésta, los europeos se vieron sumergidos en tiempos de barbarie,
guerra y un sometimiento total a los paradigmas eclesiásticos.
Aproximadamente, a partir del siglo XVI, la Edad Media acaba con la caída de
Constantinopla y los europeos tienen nuevamente contacto con la – ya olvidada – cultura
griega, rica en conocimiento científico.
Los filósofos de ese tiempo, tomaron esto y avanzaron exponencialmente en un proceso
llamado renacimiento, en el cual, uno de los movimientos más notables fue el humanismo.
Este movimiento, marcó una ruptura clave entre la humanidad y la religión, estando
fuertemente ligada con las reformas de aquellos años, dando paso a una hegemonía del
pensamiento humano, o sea, dando a la razón y la lógica del ser humano un carácter de
supremo.
Este proceso es el determinante de todo el tema, pues siendo la lógica y el conocimiento
científico lo más importante, las personas retomaron la tradición clásica de considerar al
hombre en sí como lo más sagrado. Un carnaval donde la ciencia y las humanidades (de
ahí su categoría de “humanidades”) estuvieron en pos de la especie, para lograr un futuro
mejor. Un mejor conocimiento del universo y de nosotros mismos.
Lamentablemente, los años pasaron, el conocimiento creció, y por esta misma razón se
perdió la esencia de lo que fue el humanismo.
El constante escrutinio de los científicos dio cabida a la existencia de artefactos que no
han hecho más que daño, como la invención de bombas, toxinas, contaminantes y
muchas otras armas que significan sólo un perjuicio para el mundo.
La perdida de esta esencia, es lo que quiero analizar con más profundidad. Y es que el
desarrollo inescrupuloso de la ciencia es un arma de doble filo con la que se deben tener
muchas precauciones, pues está totalmente conectado con el bienestar de la gente.
El caso, a modo de ejemplo, de Alexander Nobel, el inventor de la dinamita, cuyo
descubrimiento dio lugar a su uso como armas de guerra, es una perfecta situación que
muestra el cuidado que se debe tener al avanzar.
A sabiendas de esto, Nobel creó los mundialmente conocidos premios Nobel, encargados
de galardonar a quienes hagan los mayores aportes para la humanidad y la mantención de
la paz. Un noble, pero en cierta manera insuficiente, intento de curar la herida que
provocó su descubrimiento.
Otro caso destacable, y más que un caso una serie de sucesos, es la terrible historia del
Holocausto, donde en nombre de la ciencia, se realizaron macabros experimentos para
perfeccionar la raza aria o simplemente para el deleite de crueles científicos como Josef
Mengele, más conocido como el “Ángel de la muerte”. El uso del método científico para
fabricar armas de fuego más potentes y eficientes, nuevos tipos de bombas, gases tóxicos
para eliminar a la población judía. Este, sin duda alguna, es el ejemplo más claro de lo
extremo que puede llegar a ser el uso de la ciencia en las manos incorrectas.
“Es indispensable que abramos las puertas para un debate nacional en el que definamos
cómo usar a la ciencia y a la tecnología para desarrollar a nuestros compatriotas por lo
tanto, a nuestro país.” Wilman Torres Vallejo.
Dejando en evidencia estas historias y teniendo en claro la existencia de los derechos
humanos y la necesidad de perpetuarlos y defenderlos a cualquier costo, podemos
entender que la ciencia de ninguna manera es independiente de la educación cívica.
La ciencia que hoy conocemos nació como conocimiento en pos de la humanidad, no
como algo que se debe desarrollar solo, sin medir las consecuencias que puede acarrear.
El conocimiento científico siempre debe ir de la mano con la sociedad de una manera
positiva, evitando así desastres como el Holocausto o una, aun posible, guerra nuclear.
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