jueves, 7 de mayo de 2015

De esos días de plagas y cortes

Es irónico cómo nunca se puede estar en paz, incluso con los mayores problemas solucionados siempre está ese corte de papel. Imperceptible y doloroso.

Mi vida ha ido en ascenso y creo que es consecuencia de los cambios que he aceptado (por fin). Supongo que el crecimiento es doloroso, en especial cuando hay tanto que ocultar y tanta vergüenza.
No me gusta ser de esos sentimentaloides.

En estos momentos, tengo varios cortes, uno alimentado por el miedo y la flojera, otro por un terrible empacho (que por el bien de mi ánimo sea totalmente justificado), otro por el descontento que me provoca ser tan irasciblemente desarraigado y falto de empatía, y otro por el miedo a la plaga, una que ni en estos textos soy capaz de describir o identificar.

El miedo y la flojera me provocan una dualidad curiosa entre saber que puedo y no puedo, saber que soy una llama que puede brillar fuerte y apagarse con el más mínimo soplo. Quizás me estoy considerando una fotografía, un flash, un estrella fugaz en vías de extinción. He pasado por muchos finales, pero tengo miedo del definitivo, y peor aún, no saber identificarlo.

El corte del desarraigado es menos grave cada día, pero es terrible como se manifiesta. Todo el mundo siempre me ha considerado una piedra. Un pedazo de hielo en las situaciones más inverosímiles, y lo peor de todo, es que tienen razón en casi todos los tiempos. Me disculpo, de verdad, por no saber sentir y actuar.

No ahondaré en plaga, no puedo.

Puedo hablar de empachos, ya lo he hecho mil veces. La bitácora Altoparlante nació en un empacho, creció enormemente en otro, desapareció con el último de los no correspondidos y ahora resurge con un sueño afín.
Mi sueño fue breve, te besé y me abrazaste y se sintió como si lo hubieras hecho mil veces en vida.
Realmente espero esos tragos, extraño. Mira que el mundo se detuvo, y junto con mi respiración todo se quebró, dejándote a ti y a mí solos, colgando del hilo de nuestras vistas.

Déjame así de nuevo, bajo la noche, bajo el día y bajo las sábanas. Porque por ti, podría quebrarme de nuevo y quizás lo valga.

viernes, 2 de mayo de 2014

Detente

A veces me gustas porque eres nada
y se vuelve alegre pensar que nada me pertenece
O pensar que un beso me puede volver loco
porque tus besos nunca ocurren
Dormir pensando en que nada pasó
pero nada puede ser roto y quizás nada está concluso
Sin embargo, desearía que fueras mi todo
porque nada siento si no haces nada al respecto
Aunque nada me puedas hacer, aunque nada puedas herir
por favor deja de ser nada

y todo lo que me atrae a ti.


Este es uno de mis más fletos poemas y me da vergüenza publicarlo, pero whatever.

viernes, 18 de octubre de 2013

Enfoques

Últimamente no he podido dimensionar lo mucho (y poco) que ha cambiado mi vida en los últimos meses.
En muchos sentidos, mi vida ha perdido sabor, en otros, ha ganado.
Alegrías se volvieron amargura, penas se volvieron rabia, otras penas se volvieron hielo.

Siempre me he dado cuenta de que mi vida sigue el año al pie de la letra, como si con cada semestre y con cada fin de vacaciones, comenzara una nueva etapa en la bitácora y con ella se fuera parte de lo que cultivé.

No puedo evitar el miedo al futuro y siento que mi esencia se está perdiendo. Como si cada día que pasara yo fuera menos yo.
Eso siempre fue algo de lo que estaba consciente y nunca me perturbó, lo sentía como algo que me hacía madurar, cambiar de página. Pero actualmente me ha invadido una melancolía que no puedo suprimir.

No voy a decir que todo tiempo fue mejor, porque no lo sé con seguridad. Ni siquiera recuerdo si en algún momento fui más feliz que ahora. (Bueno, que ahora en este preciso momento, sí fui más feliz, pero me refiero a esta etapa en un sentido más amplio).

Sólo voy a mencionar que el precio que he pagado por mi libertad ha salido más caro de lo que pensaba.

Supongo que no estaba preparado para tenerla, pues una vez que estuvo en mis manos, no supe qué hacer con ella.

jueves, 22 de agosto de 2013

Cuando la mierda llegó hasta el cuello

El día comenzó con el día anterior.
Me quedé viendo Spartacus hasta las 4 de la mañana, también estudiando fisiología, pero es más importante Spartacus.
Me levanté a las siete con treinta, con sueño, hambre y una desesperación enorme por quedarme bajo las sábanas. Los ruegos a los dioses fueron inútiles y tuve que bañarme para llegar al hospital.
Al llegar, presenté la cita que había reservado y tuve que esperar una eternidad de más o menos una hora.
El reloj marcaba las 9 y me atendieron bastante bien. Revisaron mi herida, y pude ver en los ojos del médico el pronóstico: fístula que llega hasta el coxis.
Don doctor fue breve, me explícó que debía hacerme cirugía, ir a la asistente social para planear el pago y seguir con los malditos antibióticos.
Yo fui breve, obedecí y me molesté. Nunca imaginé que todo lo que me había pasado hasta el momento era lo mínimo.

Llegué a clases, dispuesto a tener matemáticas con mi profesora favorita, y por supuesto, la señora no puedo haber logrado una clase más aburrida. Redundancia, números que entendía, vectores que no. Un sin fin de reglas que no me interesan, pero que aprenderé.
Resultado: Me quedé dormido y desperté al final de la clase, con una hoja en mi mesa que titulaba "control"
Resultado del control: No respondí nada. Fracaso bíblico, universo meando sobre mi cabeza, sin piedad.

Comienza la tarde, comienzan las juntas, comienzan los amigos, llega la negada tentación de beber cerveza, llegan más amigos, llega la dicotomía, llega el problema, llegan las frases, las comas, los dolores, los sueños, la confusión, llega todo muy ruidoso, muy brillante a don cerebro. Cerebro duerme, cerebro no quiere seguir, pero cuerpo es masoquista, a cuerpo le gusta el látigo de la indiferencia, cuerpo es tonto.
-tontotontopene-

Se come pizza, se discuten locuras, se discute todo, y luego, me voy a casita.

Abro la puerta, todo está oscuro, tengo miedo -bocadelobo- y llego al pasillo, prendo la luz y camino hacia el espejo. Un estruendo llega a mis oídos, un estruendo suave, familiar, no quiero escucharlo. Es agua en el piso.

Vi el suelo, el agua estaba quieta -nicoinundóelbaño- pensé. Llamé a mi roomie, llamé al otro roomie, y nada, ellos no sabían que pasaba. Así que me dediqué a limpiar, tomé un trapero, tomé la escoba, tomé una fuente y comencé, sólo para llegar a escuchar algo aun más terrorífico .. el agua seguía corriendo y no podía pararlo. El agua salía de las cañerías... con mierda incluida.

Todo se desvaneció, llegó el par de roomies, me ayudaron, el agua no tenía piedad, los dioses tampoco, mierda mierda en todos lados, horror en las piezas, casa mojada, piezas mojadas, ropa mojada, vida mojada. -Nomásnomásporfavor- y llegó el hombre de conserjería. Trajo a R2D2 -elarturito- una aspiradora gigante. Limpió, paró, se fue a llamar al fontanero, nos enseñó a limpiar nosotros, nos dejó para seguir llamando y vuelve... con, no tan agradables, noticias.

El fontanero no responde... tienen que quedarse hasta la mañana y ahí lo llamamos de nuevo. sorry...

Maldije los cielos, grité a los cuatro vientos la injusticia que esto significaba. Temí perder mi casa, temí perder todo por lo que luché un año.

Limpiamos hasta que fue más noche, el sueño marcaba presencia. Sólo quería llegar a quejarme por internet, sólo quería llegar a dormir y pensar en él. Pero las tuberías querían otra cosa.
Llamamos a los papis y no supimos qué hacer. Roomie 1 se fue conmigo a casa del zorro amigo, mientras, Roomie 2 se quedó en casa con un amigo de antaño.

Noche salvada, pensamos, damnificados, pero ganamos. Partimos a la casa de zorro amigo y lo primero que pregunté antes de salir fue "te sabes la dirección?" "sí" respondió Roomie.


Era tarde, el transporte público no estaba para nosotros, caminamos y nos encontramos la siguiente aventura, la siguiente etapa del día: El abandonado.

Salió con amigos que nunca tuvo, estaba drogado y ebrio, puños sangrando, sentado en un monolito. -chuchaestenosasalta- pensé, pero el abandonado nos ofreció amistad y marihuana. Aceptamos gustosos lo primero.

Sus amigos lo abandonaron en Perú primero, luego aquí y no sabía dónde estaba, necesitaba nuestra ayuda para volver a casa, nos mostró sus heridas y explicó el origen: Pelié con un weón que me trató mal.
Luego sacó un minilibro de consejos (no sé por qué venden esas cosas) y enunció lo primero que encontró: Cuide sus amistades, porque pueden apuñalarlo por la espalda.... PUTA LA WEÁ MIERDA!

Reímos, caminamos, encontramos un punto de referencia y dimos las instrucciones. Nos fuimos para darnos cuenta de la tragedia del día, tragedia nacional, tragedia de vida: No habían cigarros.

Pasamos a una bencinera, habían hombres cuarentones viendo el espectáculo. Me puse nervioso y choque con una letrero metálico viejo que estaba doblado. Segunda tragedia nacional.
No encontrábamos la calle, no había internet, ni internet móvil, ni dinero en el celular, ni smartphones, ni gps, sólo la memoria de mi Roomate (que estuvo sólo una vez en casa de zorro amigo, ebrio).
Perdemos esperanza, nos sentamos, consideramos dormir en la calle, arriesgar hipotermia y robo. Pasan dos hombres frente a nosotros.

- Disculpe... disculpe... disculpe... EXCUSE ME?
- Sí?
- Habla español?
- Sí
- Me presta su celular, tenemos que llamar a un amigo, no tenemos dinero ni donde dormir.
- No tengo celular


-mentirosoculiao- pero bueno, esperamos un rato más y llegó nuestra esperanza: jóvenes cuicos.
Mismo diálogo, misma respuesta, pero seguimos insistiendo. No paro de insistir, necesito dormir, necesito tener mi duelo, logro que diga "Mira, te paso mi celular, pero si me lo intentas robar, te saco la chucha"

"TE PARECE QUE TE PUEDO ROBAR?"
grité, mostrando mi sobrepeso.

Celular ganado, llamada lograda, dirección obtenida.
Llegamos a salvo.

Amigo zorro pasó al baño antes de que me quedara dormido. Sentí miedo y desconsuelo.

lunes, 3 de junio de 2013

Atrasos

Bueno, llegó la hora de dar la cuenta pública de lo que significó mi periodo de no más siesta. 
Concluyo que, por falta de un objetivo claro, una inspiración que me guíe y un sendero marcado, los resultados de mi periodo post-catártico fueron absolutamente infructíferos.
Un par de buenas intenciones y una entrada de blog claramente no sirvió para motivarme con estudios, con la vida, con X disciplina, con nada.

Ahora me encuentro en mi habitación, con sueño, acidez, melancolía y escuchando una canción que me da pena/felicidá (suenan ruidos del pasado y silencios que nunca se olvidan). Estoy mal.

La universidad me derrotó en la primera (y casi en la segunda) ronda, tengo que ocupar lo que resta de mi energía en sacarme notas grotescamente altas para irme tranquilo a examen. Mi arrepentimiento es (y como nunca antes), máximo.

Sólo me queda algo por decir: Creo que quiero ser un detective luego de un par de años de investigación.

Buenas noches.

PD: Debo muchas entradas, pero serán prontamente publicadas.

domingo, 24 de febrero de 2013

Adiós siesta

Supongo que durante estos días no puedo ser comparado a lo que fui meses atrás.
Supongo que nunca más podré ser comparado con Altoparlante 2012. El universo me sometió a cambios que quizás no quería, otros que quise y otros que no podía decidir si querer o no.

Lo que sé de seguro es que debo reactivarme, volver a pensar, a latir, a tener mis propias ideas, a tener pasiones que -espero- no me enganchen. Volver a ser el snob de mierda que por lo menos tenía la decencia de escribir lo que pensaba.
La hibernación fue un exceso que hasta cierto punto, merecía, pero definitivamente el tiempo para dormir sobre laureles se acabó.
Vivan las energéticas, viva el café, vivan los cigarros, viva la Pecsi. Porque no las volveré a tocar por un tiempo. 
Bueno, quizás sólo quiero dejar el cigarro, pero las demás cosas también deben ser abandonadas en un futuro próximo/lejano.


Primer día sin cigarro e intentando seguir una rutina de ejercicio: A+

miércoles, 6 de febrero de 2013

Adiós a los títulos

No sé qué más hacer frente a la no-necesidad.
La monotonía no juega en contra, tampoco a favor, sólo está, sólo deja su marca de angustia y desdén. Sólo deja ese aroma a desgano y ningún placer.


A veces sólo quiero romper los límites de la indecencia, trizar las barreras morales que me contienen, sólo ser, sólo disfrutar, entregarme al silencio de lo incorrecto.
Otras, sólo quiero el sueño americano/chileno/fachoculiaísta: paz, patriarcado, convencionalismo, romanticismo, orden.

Pero cada día la máquina me convence más de que el caos merece más valor, más atención, merece ser considerado, que lo inviten a un carrete, que le den comida, que comprendan lo que promete.

Quién es Altoparlante para decidir su propia vida