El anonimato es mi fuerte; mi manía por mirar hacia abajo, mi salvación; aprender a confrontar el tema de fondo, la única solución.
No soy un adepto a decir una idea muy concreta cuando tiene que ver con lo que me pasa emocionalmente porque, claramente, no soy del tipo "señor espiritual en contacto con sus sentimientos".
Siempre es todo una confusión, una red de pensamientos que ni siquiera están conectados por una lógica aparente, sólo están ahí sin explicación, sin invitación y sin ánimos de retirarse prontamente.
No puedo darle palabras ni siquiera aquí, ni con música, y lo peor es que persisten como pequeños gnomos que quieren llevarse todo lo que queda de mi integridad cual calcetines. Son los más desagradables huéspedes que puedo tener.
Mientras se queden, no puedo mantener el contacto visual, una conversación simple, pero juro por la realidad, que quiero tener ambos.
Sólo quiero confirmar si el umbral se cerró o se hizo más amplio.
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