domingo, 7 de octubre de 2012

Un paseo por las praderas

Volviendo al santo del que nací logré tomar algo de paz, que faltaba bastante. Quizás la paz suficiente para no hacer un texto asquerosamente autorreferente.

- Quizás podría describir la travesía que es prender una chimenea, la asfixia de los calores de noviembre, septiembre, diciembre y todo el tiempo (odio el calor).
- Los sueños en stop motion, con nubes, asiáticos y matanzas, sueños que se vuelven pesadillas pero que no temo.
- La vida de un caracol en los muros de concreto de una huerta, que a mi parecer, es infértil.
- El parrón que nunca estuvo, pero sí estuvo y lo extraño, porque sus vides eran vida.
- Las calles inundadas en grito, piedras y el tombo, con una pelota desgastada por la tierra y el roce con ésta. Pies que no sienten dolor, ni frío, pues no tienen otra cosa que la esperanza.
- Mi odio por los resfríos y todo lo que representan.
- La victoria de Chávez y lo que no significa para mí.
- Joven y alocada.
- La aparición del rostro en todos lados y el pavor que inspira.
- La madera de la puerta.
- El sueño que golpea mi cráneo.
- Mi falta de léxico, y el regreso de las siempre mismas palabras que me recuerdan que debo leer más.
- Mi despedida.

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