Volviendo al santo del que nací logré tomar algo de paz, que faltaba bastante. Quizás la paz suficiente para no hacer un texto asquerosamente autorreferente.
- Quizás podría describir la travesía que es prender una chimenea, la asfixia de los calores de noviembre, septiembre, diciembre y todo el tiempo (odio el calor).
- Los sueños en stop motion, con nubes, asiáticos y matanzas, sueños que se vuelven pesadillas pero que no temo.
- La vida de un caracol en los muros de concreto de una huerta, que a mi parecer, es infértil.
- El parrón que nunca estuvo, pero sí estuvo y lo extraño, porque sus vides eran vida.
- Las calles inundadas en grito, piedras y el tombo, con una pelota desgastada por la tierra y el roce con ésta. Pies que no sienten dolor, ni frío, pues no tienen otra cosa que la esperanza.
- Mi odio por los resfríos y todo lo que representan.
- La victoria de Chávez y lo que no significa para mí.
- Joven y alocada.
- La aparición del rostro en todos lados y el pavor que inspira.
- La madera de la puerta.
- El sueño que golpea mi cráneo.
- Mi falta de léxico, y el regreso de las siempre mismas palabras que me recuerdan que debo leer más.
- Mi despedida.
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