Qué se puede decir sobre el sueño que tenemos en mente? Está diseñado? Es concreto? Es necesario? Tenemos algún camino para asegurar que este se cumpla? Y si el objetivo no es logrado, es un must para sentirnos plenos y felices?
La verdad es que no sé cómo responder estas preguntas, ni siquiera para mí propio contexto.
No sé ni cuál es mi sueño, ni la ruta que tomaré. No tengo una proyección clara de que es lo que debo hacer en el futuro (ni siquiera sé lo que debo hacer ahora más que conllevar la - sorprendentemente pequeña - carga académica que acarreo).
Tampoco considero que la felicidad absoluta existe, si estamos en un universo de circunstancias aleatorias. La felicidad y la melancolía son dos monedas de la misma cara y se debe entender siempre que ambas tienen cabida en la vida. Es una cosa de aceptación comprender que estamos destinados a disfrutar de ambas.
Por qué hablo de esto? se preguntaran mis inexistentes lectores...
Porque se murió la última gota que tenía dentro y necesito algo fijo a lo que aferrarme, necesito un sueño, un objetivo. Y no para alcanzar la imposible felicidad absoluta y plenitud... necesito saber hacia dónde voy para concentrarme y trabajar.
Este último mes, como ya habrán no-leído, estuve bajo una enorme presión emocional que caló bastante hondo. La superé, todo fue, pasado estampado en el suelo.
Hoy no tengo sueño, no tengo hambre y mi próximo viaje a San Carlos será un re-energizador (sobre todo por la hermosa sorpresa que tengo para mi familia), pero debo focalizar esta vitalidad en cosas productivas.
Me plantearé una meta alta que llevo pensando desde hace mucho... cambiar el curso de las cosas. Y espero honestamente que el cambio sea para mejor.
No-lectores, busquen objetivos para darle sabor a la vida, luego descansen, luego continúen. La felicidad absoluta no se alcanza, pero hacer algo por obtenerla nos ayuda a crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario