lunes, 3 de septiembre de 2012
La Nachocueva I
Qué se supone que tengo que hacer?
La incertidumbre me está ahogando con millones de preguntas, me hundo rápidamente en un sin fin de palabras que me torturan.
Pero bueno, mi vida es un proceso constante de intentar concentrarme y sacar una idea concreta de mi cabeza. Estoy acostumbrado.
Han pasado tres días desde que comenzó el proceso en el que vi las infinitas posibilidades y ninguna de ellas me dio satisfacción alguna. No sé qué hacer.
Ya! jugaré a vomitar y veré si sale algo bueno.
Nací en un pequeño pueblo con monjas, curas, señores, señoras, señoritas,, señoritos, algunos no tan señoritos y algunas no tan señoritas, varios perros y todos tristes. Bueno no todos, un trío siempre fue querido.
Un santo no tan santo llamado San Carlos.
Una tienda que se volvió casona protagonizó como mi hogar, lugar con un parrón que se fue y que tapó la piscina de plástico en la que perdí el miedo a nadar. Sí, la tapó con hojas.
La otra parte del patio, siempre llena de cachureos era fea, nunca me gustó (y sigue sin gustarme) porque siempre tenía cosas oxidadas, probablemente muchas arañas, y troncos abandonados.
La huerta de mi madre, con sus preciados tomates, el granado que nunca dio granadas, la platanera que nunca dio plátanos y el rosal que siempre dio rosas era mi fascinación porque necesitaba ser regada constantemente en verano. El olor a humedad que sentía en la tardenoche era intenso y lo amaba, era el indicio de que el calor se acababa.
El espacio donde se estacionaba el auto, en ese entonces un Susuki pequeñito, era mi lugar de recreación, donde con palos, tierra y escasas piedras creaba historias siempre repetitivas pero que me hacían feliz.
El portón ónice por el que entraba el auto era (y es) asquerosamente ruidoso. De todas maneras, siempre fue bueno tener una alerta de que estaban llegando mis padres en el auto.
Antes tenía mucho barro, y andaba feliz en triciclo, pero crecí, conocí las bicicletas y no tuve una hasta un par de años después (me saqué la chucha la primera vez que anduve en una).
La puerta que llevaba a la zona posterior del patio era de madera y estaba despellejada. Mi papá me retaba porque le sacaba pedacitos a la puerta. Ni siquiera era para jugar, me provocaba algo raro.
Me gustaría saber qué fue de esa puerta, porque ya no está, la actual es bonita, no se despelleja y tiene un pomo en vez de una manija. Es súper high.
No, no salió nada bueno. Mañana iré por otro intento
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